Agustina Tocalli-Beller

Ser, Rezar y Amar: Día Quinto

En el quinto día de su visita a México, el Papa viajó a Michoacán. Por la mañana se reunió con sacerdotes, seminaristas, religiosos y consagrados en Morelia. Y, por la tarde, con los jóvenes. Ambos grupos son de importancia para el Papa y para un país que lucha contra el narcotráfico, las organizaciones criminales y la discriminación. Por eso Francisco, independientemente de la vocación de cada grupo, habló de una receta infalible para vencer cualquier tentación y resignación que yo resumo así: SER, REZAR y AMAR.

SER riqueza del país y de la Iglesia
No hay duda que aquellos que optaron por la vida sacerdotal, consagrada o religiosa son una riqueza fundamental para la Iglesia. ¿Quiénes sino para guiarnos a los laicos en el camino de nuestra Fe? Pero si el mismísimo Francisco, la cabeza máxima de la Iglesia, se reconoce un simple peregrino y servidor de la Fe ¿cómo vamos a pretender que los sacerdotes, seminaristas, religiosos y consagrados evangelicen y contagien la Fe solos? Francisco, fue clarísimo y pujante con los jóvenes: “Jesús nunca nos invitaría a ser sicarios, sino que nos llama discípulos. Él nunca nos mandaría al muere, sino que todo en Él es invitación a la vida. Una vida en familia, una vida en comunidad; una familia y una comunidad a favor de la sociedad.” El Papa quiere a jóvenes que resistan la tentación y que compartan y contagien su Fe.

REZAR por todos
Me resultó algo sorprendente que, en la misa celebrada para quienes dedican su vida al ministerio de Dios, el Papa les hablara de cómo rezar… ¿Acaso ellos no son los expertos?—me pregunté. Pero luego entendí: ¡ahí está de nuevo ese toque especial del Papa Francisco que humaniza la Iglesia y nos la acerca! Todos, incluidos los “expertos”, trabajamos en nuestra Fe a diario. Y todos necesitamos de la oración y el apoyo de los demás. Así se los dijo el Papa: “A rezar se aprende, como aprendemos a caminar, a hablar, a escuchar. La escuela de la oración es la escuela de la vida y en la escuela de la vida es donde vamos haciendo la escuela de la oración”. Claramente, el Papa quiere seminaristas, sacerdotes, religosos y consagrados activos y participativos, perfeccionando su ministerio y compartiéndolo con quienes tanto necesitamos de su guía, ejemplo e intervención. Por eso, además de rezar por el mismísimo Papa, como él siempre lo pide, no nos olvidemos de rezar por todos los seminaristas, religiosos, sacerdotes y consagrados.

AMARse
De los mensajes del Papa más contundentes y coincidentes entre los dos grupos, fue el de reconocer la importancia de la fortaleza interior. A los jóvenes les reafirmó que amarse y valorse es esencial y que no deben dejarse amenazar por quienes les hacen “creer que empiezas a ser valioso cuando te disfrazas de ropas, marcas, del último grito de la moda, o cuando te volvés prestigioso, importante por tener dinero”. Francisco les aseguró que ellos son dignos de cariño y de amor. Desmintió que “la única forma de vivir, de poder ser joven es dejando la vida en manos del narcotráfico o de todos aquellos que lo único que están haciendo es sembrar destrucción y muerte”. Y aseguró que, en realidad, “es Jesucristo el que desmiente todos los intentos de hacerlos inútiles, o meros mercenarios de ambiciones ajenas”.

Pensaríamos que las tentaciones que amenazan a los jóvenes son ajenas a los religiosos, seminaristas, consagrados y sacerdotes, ¿verdad? Quizás pensamos que ellos están más “protegidos”… Pero justamente fue junto a ellos que el Papa Franciso preguntó: “¿Qué tentación nos puede venir de ambientes muchas veces dominados por la violencia, la corrupción, el tráfico de drogas, el desprecio por la dignidad de la persona, la indiferencia ante el sufrimiento y la precariedad?” Y la respuesta fue: la resignación. Por eso los alentó a amar su vocación, a no descuidarla y, sobre todas las cosas, los alentó a compartirla. El Papa reza y nos pide que recemos contra una resignación que atemoriza y atrinchera a los sacerdotes y religiosos “en sus «sacristías» y aparentes seguridades”.

Claramente el Papa Francisco quiere que todos, sea desde su juventud o desde su ministerio, encarnen la Fe en la vida misma para poder compartirla y generar cambios fundamentales en la sociedad. Por eso creo que la clave está en tres acciones tan básicas, exclusivas e intrínsecas del hombre: SER, REZAR y AMAR.

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