Agustina Tocalli-Beller

Madera frágil. Cristal fuerte: Día Sexto

Hoy no quiero hablar directamente de personas, lugares, palabras y/o ceremonias. Hoy quiero hablar de objetos y materiales. Ayer en el sexto y último día de Francisco en México, me llamaron mucho la atención dos regalos puntuales, hechos de materiales muy diferentes, que obtuvieron apenas la suficiente cobertura mediática. En un gesto de dar y recibir, entregar y de aceptar, la madera del báculo pastoral y el cristal de una cruz se encontraron en un lugar especial: el Centro de Readaptación Social Nro. 3 de Ciudad Juárez.

Cristo de Cristal Prisión y cristal parecen dos sustantivos imposible de asociar. Pero para Dios nada es imposible y, por suerte, Francisco insiste en ayudarnos a superar nuestros prejuicios y juicios. Una cruz hecha de metal, por lo tanto dura, fuerte y fría, quizás era más acorde para regalar en un penitenciario… Pero Francisco comprende. No reprende. Y sorprende, para, desde ese lugar, inquietarnos y movilizarnos a encontrar su enseñanza. El Cristo de Cristal que el Papa dejó de regalo en la capilla del reclusorio es, en mi opinión, el objeto que más predica de empatía, compasión y misericordia. El cristal es delicado y preciado. El Papa no condena ni juzga a quienes están reclutados. No cree que son de otra condición o categoría, pero busca e incentiva su arrepentimiento, compromiso y reinserción social. O sea, el Papa plantea un desafío que vale la pena y la cruz de cristal será el más efectivo de los recordatorios: “El cristal es lo más frágil, se rompe enseguida. Y Cristo en la cruz es la fragilidad más grande de la humanidad. Sin embargo, con esa fragilidad nos salva, nos ayuda, nos hace andar adelante, nos abrió las puertas de la esperanza. (Por eso) deseo que cada uno… contemplando la fragilidad de Cristo que se hizo pecado, se hizo muerte para salvarnos, sepan sembrar semillas de esperanza y de resurrección”.

Báculo de madera. Los internos que estudian carpintería en la prisión Nro.3 de Chihuahua, diseñaron y tallaron un báculo para el Papa Francisco. No luce ni brilla como los báculos pastorales a los que estamos acostumbrados a ver. Pero más allá de que nuestro Papa siempre sorprende ignorando ciertos protocolos y promoviendo mucha austeridad, el material que eligieron los reclusos es simple, fuerte, noble y humilde. En mi opinión, esas características representan “la parte más dura que les toca, pero la que más fruto genera”, como les dijo el Papa a los reclusos. Porque aunque aislados, los internos tienen mucho por hacer para lograr el cambio social que se necesita. Desde la humildad de haber caído en el pecado, con la fortaleza que genera el arrepentimiento y la experiencia dolorosamente ganada, el Papa Francisco quiere que los reclusos luchen “por revertir las situaciones que generan más exclusión. Hablen con los suyos, cuenten su experiencia, ayuden a frenar el círculo de la violencia y la exclusión. Quien ha sufrido el dolor al máximo y que, podríamos decir experimentó el infierno, puede volverse un profeta en la sociedad”.

Báculo de madera y pastoral… Cruz de Cristo y de cristal, juntos en una institución que pone en evidencia un “síntoma de la sociedad”  y pone en juego la libertad, la fortaleza, la fragilidad y la humildad del hombre. Por eso creo que todos y cada uno, cuando nos creamos fuertes e invencibles, hay que recordarnos que también somos frágiles y vulnerables. Y cuando nos sintamos débiles y desorientados, hay que saber que somos mucho más fuertes de lo que creemos. Por eso, seamos de madera, pero frágiles. Y seamos de cristal, pero fuertes. Porque, la vida, como el Papa, nos sorprende y desafía. Pero con Dios, y gracias a nuestras fortalezas y debilidades, siempre podemos mejorar y volver a comenzar.

Así fue el día y fue la noche: Día Sexto.

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