Agustina Tocalli-Beller

Gestos de mil Palabras: Día Primero

Llegó el día de una ansiada visita. Francisco ya está en México. Su primer día se redujo a tan sólo 4 horas. Demasiado poco para tanta expectativa y lo suficiente para, desde el punto de vista logístico, bajar del avión, hacer los saludos pertinentes y protocolares y trasladarse a la Nunciatura. Pero ya sabemos que los números de este mundo no son los Dios… Y claramente no son los de Francisco porque 4 horas le sobraron para regalarnos varios gestos colmados de mensajes.

Alfombra roja: No, gracias.
Salirse de la alfombra y caminar por la pista no fue solamente salirse del protocolo. Salirse de la alfombra roja fue decirnos, sin palabras y una vez más: “Yo voy a México como un peregrino. No voy a México como un rey mago”.

Sombrero de charro: Sí, por favor.
Acercarse a los mariachis, y conversar con ellos, era de esperar. Pero ponerse el sombrero de charro fue convertirse, con un simple y único gesto, en un mero mexicano más y repetirle a todo un país: “Voy a buscar la riqueza de fe que tienen ustedes, voy a buscar contagiarme de la riqueza de fe”.

Abrazar y besar: Como siempre.
Y a los niños, mucho más. Francisco se fundió en un abrazo libre y espontáneo con los niños del coro. Bromeó con ellos y secó sus lágrimas. Y, como siempre, se detuvo para besar y bendecir al enfermo. Nada lo distrae ni aparta de los más débiles.

Con los pies en la tierra: Mas bien en la calle.
Antes que terminaran las primeras 4 horas del primer día, Francisco salió a la calle a pie y le habló a la gente. No salió al balcón ni se subió a un escalón. Desde el mismo suelo que pisa quien mucho tiene y a quien todo le falta, Francisco se despidió hasta mañana.

Y así fue la tarde y fue la noche: Éste fue el día primero.

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